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Cada individuo (tolerante o médico), debe tener el derecho de ser partícipe, o no, del aborto de acuerdo a su sistema de valores y opiniones, tal como su circunstancia. Me gustaría comenzar con los embarazos no amigables consecuencia de una relación sexual no consensuada.

  • Samantha logró materializar el deseo de interrumpir el embarazo y lo cuenta procesando aún dolores emocionales, no por decir no tener al bebé, sino por el hecho de que de por medio fue mal orientada, juzgada y criminalizada.
  • La CDMX es en la única entidad donde las mujeres tienen la posibilidad de abortar de forma legal sin que tener que alegar motivo alguno.

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Preguntas Frecuentes Sobre El Embarazo No Deseado

De este modo, supondré ahora que el embarazo no esperado es consecuencia de una relación sexual consensuada. Para determinar cómo disminuirlos, me da la sensación de que de entre hay que distinguir aquellos en los que no se tuvo prevención, y esos en los que sí. Hay mujeres que piensan que por mantener relaciones sexuales parado se impide un embarazo. Es esencial considerar que cuando una mujer joven continua con el embarazo, muchas veces puede ocasionar en mujeres jóvenes una detención de su crecimiento, tiene un más grande riesgo de aborto espontáneo o de un nacimiento prematuro. El embarazo no esperado en mujeres jóvenes es un inconveniente no sólo en México, sino más bien asimismo a nivel mundial, hay mujeres que no son lo suficientemente maduras físicamente para llevar a término un embarazo, otras no están maduras emocionalmente. El embarazo ha de ser un hecho que te genere felicidad plena, de lo contrario se puede transformar en una tragedia si sigues con él.

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Lo que deseamos decir es que el supuesto “instinto materno” fue introducido socialmente a través de el terror con el objetivo de obligar a las mujeres a reproducirse la mano de obra de las factorías del sistema capitalista. la aliada del demonio, la que se niega a parir, la que conoce las yerbas que sirven para abortar, la que destroza las cercas que parcela las tierras de las que todos comían. Durante esos tres siglos varios millones de mujeres fueron obligadas a procrear y otras asesinadas por abortar. Estas formas de acatamiento fueron traídas por los conquistadores a los territorios de América. La distingue entre el trabajo de producción y el de reproducción está en que el primero sí es reconocido como trabajo y el segundo no. La maternidad se ha revestido en etnias como la nuestra, con un aura de misticismo, de amabilidad incondicional, se le asignó aun un día feriado para ofrecernos un supuesto “reconocimiento” por una labor que nos lleva la vida entera. No queremos un Estado asegurador que nos garantice las condiciones de de qué forma vamos a abortar, por esto, charlábamos más bien de una despenalización.

Rebeca, sintiéndose sola, con tres hijos que mantener y en situación insuficiente pese a que desempeñaba un trabajo extradoméstico, conoció a su última pareja, un hombre bastante mayor con quien se relacionó como estrategia de supervivencia. Con se repitió el embarazo no esperado, en parte por su negativa a utilizar condón, y en parte porque ella pensaba que con un embarazo la relación de pareja sería más estable. La carencia de acompañamiento del varón la orilló a tomar la resolución de abortar frente a la carga que representaba tener otro hijo y la oportunidad de que el hombre la abandonara. Las once mujeres que entrevistamos para este estudio son originarias de ayuntamientos circundantes a la ciudad de San Cristóbal de las Casas, la mayor parte de la zona de los Altos, conocida por su gran marginación. Son casi en su totalidad bilingües, hablantes de tzeltal, tzotzil y solo en un caso de ch’ol , lenguas propias de los grupos mayenses, lo que define su cultura y por consiguiente una particular visión del mundo que las ha acompañado en el ambiente urbano. Dicha visión recrea su relación con la tierra como campesinas, pero también su ambiente de pobreza en relación con la sociedad mestiza hegemónica y por ende su estatus de clase.

Desde ese instante empezó a emplear hormonales inyectables y a negarse a tener relaciones íntimas, más que nada debido a las insuficientes aportaciones económicas de su pareja, a sus celos, su control y sus amenazas, y a que sólo llegaba esporádicamente a verla, por lo que por último decidió correrlo. La aceptación de las relaciones íntimas, sin embargo, no se realizó como un ejercicio pasivo, ya que en numerosos casos hubo resistencia, explicando dolor de cabeza, cansancio, la manipulación de los hijos, e inclusive la negación como afirmación.

De aquí que vengan las alternativas del aborto, porque puedo decidir interrumpir un embarazo no esperado a las 12 semanas y no me debo aguardar 36 semanas, que es triple de tiempo, con una carga sensible que no quiero y no deseo por el hecho de que es mi cuerpo. El día de hoy hemos conquistado derechos que no tenemos la posibilidad de abandonar ellos ni tampoco invisibilizarlos, porque sería una contradicción hasta semántica, que nos aferraría al pasado. A lo largo del tiempo hemos conquistado derechos políticos, económicos y sociales, así como los sexuales y reproductivos que tienen que ver con el placer de nuestra sexualidad y sobre el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, sobre cuándo y de qué forma reproducirnos; con lo que aseguramos que la maternidad será deseada o no será. En Polonia el aborto es legal cuando la vida de la madre está en riesgo, así como en casos de violación, incesto o defectos prenatales.

Además, establece que es primordial eludir los embarazos no amigables a edades tempranas; que todas y cada una de las mujeres adolescentes deberían tener acceso a la contracepción y a servicios que realicen abortos seguros. En las recomendaciones de la OMS, sugiere que los sistemas de salud recopilen datos para responder a las pretensiones y prioridades de salud pública de niñas y adolescentes. Carmen, de 36 años, era trabajadora doméstica; llevaba nueve años de casada y tenía tres hijos producto de 2 embarazos; de uno de ellos nacieron dos gemelos por cesárea. Había utilizado el DIU durante prácticamente seis años, entre los embarazos y tras su último hijo. Empezó a emplear hormonales inyectables de tres meses, pero los suspendió por prescripción médica gracias a que presentó un quiste mamario y se le sugirió emplear protección de barrera. Su pareja, sin embargo, no deseó utilizar preservativos. El resultado fue un embarazo no deseado que concluyó en aborto, pues temía que habrían de practicarle otra cesárea.

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