Enfermedades del embarazo precoz

Enfermedades del embarazo precoz

El embarazo precoz tiene riesgos y existen determinadas afecciones y enfermedades que pueden afectar a la madre y al bebé. La rubeola, la hepatitis B y C y la toxoplasmosis se consideran graves para las mujeres. Si se desarrollan durante el embarazo, la madre y el bebé deben tener un cuidado especial dado que el riesgo de estas enfermedades que causan secuelas en el niño dependerá de la etapa en que se contrajo la enfermedad. Algunos causan el nacimiento prematuro, el aborto y otras consecuencias más graves para la madre y el niño.

Por esta razón, es esencial que las futuras madres gestantes precoces se den cuenta de los embarazos no planificados, para así poder realizar al inicio las pruebas básicas como son: la investigación toxoplasmosis, sífilis, hemograma completo, grupo sanguíneo y glucosa en sangre. También es importante realizar la prueba del VIH, que en caso de ser positiva puede transmitirse al feto la enfermedad del sida.

Segú afirman los expertos ginecólogos, las mujeres deben ser vacunadas contra la rubeola tres meses antes de quedar embarazadas. Si se produce la enfermedad en los primeros meses de embarazo, los riesgos son mayores para el feto, ya que todavía se está formando. Si la madre contrae la infección, el bebé puede tener problemas de sordera, microcefalia (disminución de la cabeza) y retraso mental. Después de este período, todavía existen riesgos, pero son más pequeños.

Otra enfermedad que puede aparecer durante un embarazo precoz es la llamada preeclampsia: aumento de la presión arterial. Esto suele ocurrir durante la segunda mitad del embarazo, aunque también debe ser tratada lo antes posible para evitar cualquier edema o hemorragia cerebral, renal, insuficiencia cardiaca y/o el desapego incluso prematuro de la placenta al feto, que puede recibir menos nutrientes y oxígeno de lo habitual. La eclampsia pone en peligro a los órganos de los niños y de la madre, afectando a la oxigenación, y pudiendo causar hasta la muerte, obligando muchas veces al nacimiento prematuro.

Los principales síntomas que aparecen cuando se desarrolla la eclampsia son: dolor de cabeza y costilla, visión borrosa, vómitos, hinchazón de los pies y las manos, y convulsiones.

Si se detecta eclampsia, se realiza un tratamiento precoz y un mantenimiento con antihipertensivo. Después, una vez controlado lo peor, se recomienda la toma de los corticosteroides para la maduración pulmonar, si el feto tiene entre 28 y 34 semanas de gestación. Después del nacimiento, la presión arterial tiende a volver a la normalidad, pero la hinchazón en las manos y los pies pueden permanecer por algún tiempo.

La toxoplasmosis es otra enfermedad grave que debe evitarse durante el embarazo precoz y, en general, durante cualquier tipo de embarazo. Cuando es transmitida al feto, puede causar daño cerebral tal como hidrocefalia, calcificaciones intracraneales y retraso mental, además de las lesiones oculares. Si la infección se identifica en la madre, se puede tratar con fármacos para evitar la contaminación de los niños.

El caso de la hepatitis también es habitual en embarazos precoces. Si el pediatra ya sabe que la madre tiene hepatitis B, el cuidado del bebé comenzará aceleradamente, se le vacunará y todavía recibirá anticuerpos como la inmunoglobulina para reducir las probabilidades de transmitir el virus, (en la mujer tiene riesgo de transmisión vía circulación del 50%).

En el caso de la hepatitis tipo C, también hay riesgos de que la enfermedad pase a su bebé, pero no existe una vacuna, por lo que la lactancia materna está contraindicada.